Hay una superstición en software: que madurar es agregar piezas. Un broker para la cola de trabajos, un servidor aparte para el caché, otra base para el tiempo real, una extensión por si algún día hace falta. Cada pieza es una caja más que se cae a las 3 de la mañana. Esta semana fuimos en la dirección contraria.
Apuntamos la cola de trabajos, el caché y el canal de tiempo real a la misma base de datos primaria —el stack Solid de Rails 8— en producción, repetido en tres productos del holding (la plataforma, Nexus y Cortex). Una sola Postgres respalda la app, los jobs, el caché y los websockets. Y de paso borramos extensiones que habíamos agregado 'por si acaso’ —series de tiempo, vectores— y que nunca usamos. Menos piezas, menos credenciales, menos cosas que sincronizar, menos formas de que algo quede a medias.
La señal de madurez no es cuántos sistemas agregaste. Es cuántos lograste borrar sin que nadie notara la diferencia —salvo que ahora hay menos cosas que se pueden romper.
No es gratis ni es para todos: a cierta escala separar esas cargas vuelve a tener sentido. Pero la mayoría agrega infra mucho antes de necesitarla, copiando la arquitectura de una empresa diez veces más grande. Para el tamaño que tenemos, una base bien usada le gana a cuatro servicios a medio cablear. La complejidad que no metes es deuda que no pagas.
Lo publicamos porque 'simplificamos la infra’ suena a nada y es de lo más difícil que hay: requiere borrar con confianza, no acumular por miedo. Receipts > adjectives —y el recibo, esta vez, es un diff que quita servicios y una base que ahora hace, sola, el trabajo de cuatro.