Empezamos sin manual. No había un proceso que copiar para 'operar un holding de IA con un equipo pequeño desde Bogotá —y desde Tabio, Cartago, Pasto’, en español, sin pedir permiso. Así que lo fuimos escribiendo en commits. Este es el modelo que quedó —no la teoría, lo que de verdad corre.
Un substrato, no treinta empresas. La tentación con la IA es arrancar treinta productos. En vez de eso construimos una sola capa que todos comparten: Plexus, donde la IA opera —reclama jobs, corre en máquinas pareadas, reporta, y el humano aprueba. Skeleton a working en unos doce días. Hoy lo consumen el producto legal, el de ventas y el de contenido. La IA ejecuta; el humano dirige.
La IA me da treinta ideas. El sistema no es abrir treinta empresas: es construir el substrato en el que todas se enchufan.
Un equipo, no un genio solo. 'Una persona + IA’ es la tesis, pero los logs muestran la verdad más honesta: un equipo de operadores latinos, cada uno capitaneando un producto. La arquitectura y el grueso del substrato, en una mano; el producto de datos, en otra; el de contenido, en otra. Los receipts muestran al equipo.
Y muestran el cambio que de verdad importa, el que no se ve en ningún commit: pasamos de una estructura de cortisol —toda la capacidad del equipo alquilada a un cliente, frágil, extractiva— a una de confianza. El holding cubre al equipo a precio de mercado, sin extraer margen, y quien construye un producto termina dirigiéndolo. No es generosidad: es la única forma en que un operador se queda y capitanea. Cazamos en público, pero el objetivo no es la cacería —es que cada uno camine libre.
El git es el manual. No documentamos primero y construimos después. El CLAUDE.md de cada repo es el contrato operativo con el agente, versionado junto al código. El proceso se lee en el historial: specs primero, IA después, y la prueba —commits, días, cobertura— pública en los recibos. No vendemos un secreto; documentamos un hábito.