La mentira más cara de un sistema no es la que tira un error rojo. Es la que dice 'listo’.
Uno de nuestros workers de IA se quedó con la sesión vencida. En vez de fallar fuerte, hizo algo peor: envolvió su propio error y lo devolvió como si fuera el resultado. Aguas abajo, todo lo tomó por bueno. El trabajo 'se completó’. Nadie se cayó. Solo que lo entregado no era una respuesta —era el error, disfrazado.
Un sistema que falla ruidoso es honesto. Uno que falla diciendo 'listo’ es el que te hunde.
Lo arreglamos en dos capas, porque una sola no alcanza: en la fuente —el worker ya no puede devolver su error como output válido— y con una red de seguridad aguas abajo que distingue 'resultado’ de 'error envuelto en papel de regalo’. La IA ejecuta; el humano dirige; pero si la IA puede mentir sobre si terminó, la dirección es ciega.
Lo contamos porque es exactamente la clase de falla que el marketing de 'agentes autónomos’ nunca enseña: no el día que el agente se equivoca, sino el día que se equivoca y reporta éxito. Ese es el bug que hay que cazar. Y se caza en público.