Cuando un producto nuestro necesita inferencia pesada —puntuar contenido, procesar media— no le paga a un datacenter. El trabajo viaja por Plexus a una flotilla de Macs del propio equipo: cada operador instala un worker con un gestor de paquetes (brew install, literal), el worker se registra solo, y su chip se vuelve un pedazo de nuestra nube. Bootstrap en estado puro, desde Bogotá y sin cheque de VC: la infraestructura éramos nosotros.
Suena romántico hasta que lo operas. Porque un datacenter está diseñado para estar vivo; un portátil, no. Y el recibo de esta semana es una saga de versiones —de la 0.2.1 a la 0.2.5 en un solo día— donde casi todos los cambios atacan la misma pregunta humilde: ¿cómo sabe el sistema que este worker sigue vivo?
Primero, el worker ocioso se moría en el tablero: si no tenía trabajo, no hablaba, y si no hablaba, lo daban por muerto. Versión nueva: latido también en reposo. Después, el caso más tramposo: el worker que sí estaba trabajando también se moría en el tablero —una inferencia larga lo dejaba callado el tiempo suficiente para parecer caído, justo mientras más vivo estaba. Versión nueva: latido durante la inferencia. Luego, que cada trabajo reserve un slot de capacidad explícito, para que un worker no acepte más de lo que su chip aguanta. Y al final, la plomería sin gloria: que el token de configuración sobreviva al gestor de procesos del sistema, para que el worker arranque solo al prender la máquina.
Un datacenter está diseñado para parecer vivo. Un portátil del equipo, no. La parte difícil de tener tu propia nube no fue repartir el trabajo —fue enseñarle a una máquina a decir 'sigo aquí’ mientras piensa.
Lo contamos porque 'corremos nuestra propia infraestructura’ suena a decisión heroica y en realidad es esto: cinco releases en un día para que un latido no se pierda. La alternativa era una factura mensual de GPUs; preferimos el oficio. Receipts > adjectives: el recibo es un changelog donde cada versión es la misma lección aprendida un poco mejor —rápido se construye el reparto; lo vivo hay que mantenerlo.