Nos propusimos publicar algo cada día durante siete días. No algo grande — algo verdadero. El experimento no era de productividad; era de costo de arranque.
El cuarto día dejó de doler. Esa es toda la lección: la repetición no aumenta la disciplina, baja el precio de empezar. Lo que parecía fuerza de voluntad era, en realidad, haber quitado fricción.
No es disciplina: es haber bajado el costo de empezar.
Siete envíos después, la racha siguió sola. La densidad sube de izquierda a derecha porque cada día cerrado abarata el siguiente.