Cada servicio tenía su propia forma de registrar logs, errores y rendimiento —o no tenía ninguna. En una tarde apuntamos doce al mismo SDK. La observabilidad dejó de ser una decisión por servicio para ser una dependencia compartida.
Durante semanas parchamos producción en vivo y no lo escribimos en ningún lado. Un día el deploy se negó a aplicar limpio —porque lo vivo ya no coincidía con lo declarado—. El arreglo fueron seis líneas. El problema era de fondo.